Filólogo e historiador medievalista y de la lengua, miembro destacado de la generación del 98 y discípulo de Marcelino Menéndez Pelayo, presidente del Comité Directivo de la Residencia de Estudiantes, en 1914 fue enviado por la JAE a Chile y Argentina, donde impartió varias conferencias y continuó estudiando el romancero español tradicional. En 1915 se convirtió en director del Centro de Estudios Históricos, centro fundamental en la promoción de la enseñanza del castellano y para el envío de profesores auxiliares y lectores a las universidades extranjeras. Durante la Segunda República española, se convirtió en presidente de la Junta de Relaciones Culturales, acompañándose de Blas Cabrera y el doctor Gregorio Marañón como vicepresidentes.