Américo Castro ayudó a organizar el Centro de Estudios Históricos colaborando con Ramón Menéndez Pidal e integrándose en los círculos de la Institución Libre de Enseñanza. Lexicógrafo, escritor, crítico literario, historiador de la cultura y de la literatura, Américo Castro siempre abogó por divulgar la riqueza creativa, literaria y el aperturismo de España y poner la cultura española en diálogo con otras culturas del mundo. Francófilo durante la Gran Guerra y miembro del Comité de Aproximación Franco-Española y del Comité Hispano-Belga, Castro, muy atento a los avances de los franceses en materia de diplomacia cultural, planteó en 1921 al ministro González Hontoria la necesidad de establecer un servicio para la proyección de la cultura española en el mundo, fruto de lo cual nació la Oficina de Relaciones Culturales que él mismo dirigió. Los intentos de cortar la autonomía de la ORC por parte de las autoridades primorriveristas le llevaron a apartarse del proyecto. Fue a lo largo de su vida uno de los intelectuales españoles con más presencia en el exterior, llegando a asumir incluso responsabilidades políticas en el exterior al servicio de la República como embajador en Berlín en 1931. En sus años de exilio, ayudó a crear una escuela de importantes discípulos en el hispanismo estadounidense.